«Recuerda, Mucgwort, lo que revelaste, lo que estableciste en la gran proclamación. Una eras llamada, la más vieja de las hierbas, tienes poder contra tres y contra treinta, tienes poder contra el veneno y contra el contagio, tienes poder contra el mal que recorre la tierra.» Así empieza el hechizo en inglés antiguo conocido como Nine Herbs Charm — y la primera planta a la que se dirige, la artemisa, recibe el trato de una anciana a la que se le pide ayuda, no el de un simple ingrediente.
El Lacnunga: el grimorio anglosajón olvidado
El Lacnunga — palabra en inglés antiguo que significa simplemente «remedios» o «curaciones» — es una colección de textos médicos y mágicos compilada hacia el siglo X o XI en Inglaterra, conservada en un único manuscrito que hoy se guarda en la British Library (Harley MS 585). Mezcla recetas farmacológicas razonables, oraciones cristianas y encantamientos paganos sin ninguna separación clara entre unos y otros — un reflejo perfecto de la Inglaterra anglosajona tardía, cristianizada en la superficie pero con la cosmovisión germánica pagana todavía viva debajo.
Dentro del Lacnunga se encuentra el texto que más ha fascinado a los filólogos y folkloristas: el Nine Herbs Charm, un encantamiento de sanación estructurado en torno a nueve plantas, cada una invocada por su nombre con una fórmula que combina farmacología práctica con mitología germánica explícita — incluida una referencia directa a Odín.
A diferencia de los Papiros Mágicos Griegos o los grimorios mediterráneos que hemos cubierto en este blog, el Nine Herbs Charm no pertenece a la tradición clásica. Es germánico, es del norte de Europa, y representa una rama completamente distinta de la magia herbal occidental — heredera de una cosmovisión donde las plantas no son ingredientes pasivos, sino entidades con voluntad e historia propia.
La estructura única del hechizo: plantas con voz propia
Lo que distingue al Nine Herbs Charm de cualquier otro texto mágico de la Antigüedad o la Alta Edad Media es su forma gramatical. El hechizo no habla sobre las plantas — habla a las plantas, en segunda persona, recordándoles su propio poder mítico como si fueran personajes con memoria e identidad. Es una invocación, no una receta.
Cada planta es nombrada, se le recuerda su origen mítico o su victoria pasada contra el mal, y se le pide que repita esa victoria contra la enfermedad presente del paciente. Es un patrón de pensamiento mágico muy distinto al mediterráneo: aquí la planta no se machaca y se mezcla sin más — se le habla, se la convence, se la invoca como a un aliado con voluntad propia.
Las nueve plantas del encantamiento
Artemisa (Artemisia vulgaris) — Mugwort, la más vieja de las hierbas
La artemisa abre el hechizo y recibe el trato más reverencial de las nueve. El texto la llama explícitamente «la más vieja de las hierbas» y le atribuye poder contra treinta males distintos. En la tradición herbal anglosajona, la artemisa era la planta protectora por excelencia — se colgaba en las puertas, se quemaba como purificación y se llevaba encima en los viajes.

Farmacológicamente la artemisa contiene tuiona, el mismo compuesto presente en el ajenjo que documentamos en el artículo sobre los Papiros Mágicos Griegos — una coincidencia que demuestra cómo tradiciones botánicas completamente separadas geográfica y culturalmente llegaron a valorar las mismas familias de plantas por razones similares.
Llantén (Plantago major) — Waybread, la madre de las hierbas
El llantén recibe en el hechizo el título de «madre de las hierbas», abierta hacia el este y con poder sobre los caminos. Es una de las plantas medicinales más universalmente usadas en toda Europa para heridas y picaduras, y su presencia en el Nine Herbs Charm confirma un uso que se ha mantenido prácticamente sin interrupción en la medicina popular hasta el siglo XX.
Berro de agua (Nasturtium officinale) — Stune o Stime
La identificación exacta de esta tercera planta sigue siendo objeto de debate filológico entre los especialistas en inglés antiguo — el término original es oscuro y no tiene una traducción universalmente aceptada. La mayoría de ediciones modernas la identifican como una variedad de berro o crucífera silvestre, valorada en la farmacopea anglosajona por sus propiedades depurativas.
Manzanilla (Matricaria chamomilla) — Maythen
La manzanilla aparece en el hechizo asociada a la claridad y la luz solar. Su uso medicinal en la Inglaterra anglosajona era prácticamente idéntico al actual: infusiones calmantes, tratamiento de inflamaciones y heridas superficiales. Es, junto al llantén, una de las pocas plantas del encantamiento cuya identificación botánica no genera ninguna discusión entre los filólogos.
Ortiga (Urtica dioica) — Stiðe
La ortiga es nombrada en el hechizo con su capacidad urticante reconocida directamente como parte de su poder: una planta que duele al tocarla tiene, en la lógica mágica anglosajona, poder real porque su efecto es inmediato y verificable. Las ortigas se usaban en toda la Europa medieval tanto como alimento de primavera como en preparaciones contra el reuma y los dolores articulares.
Manzana silvestre (Malus sylvestris) — Crab apple
La manzana es la única planta del hechizo que no es una hierba sino un fruto arbóreo, y su inclusión está ligada a una de las referencias mitológicas más comentadas del texto. El Nine Herbs Charm menciona explícitamente que fue contra la serpiente que Odín, «volando», golpeó con nueve ramitas de gloria, y que de ese golpe surgieron nueve venenos contrarrestados por las nueve plantas. La manzana representa en la mitología germánica nórdica la fruta de la inmortalidad — el equivalente a las manzanas de Iðunn en la mitología escandinava posterior.
Tomillo (Thymus) — Þunor o Chervil
Otra de las identificaciones discutidas filológicamente. Algunas ediciones la traducen como perifollo, otras como una variedad de tomillo silvestre. Lo que es indiscutible es su función en el conjunto: complementar el efecto antiséptico y aromático de las plantas anteriores en lo que terminaría siendo un ungüento de aplicación tópica.
Hinojo (Foeniculum vulgare) — Fenicel
El hinojo cierra casi el conjunto con una planta de origen mediterráneo que para el siglo X ya se había naturalizado en los huertos monásticos ingleses — un testimonio de cómo el conocimiento herbal romano y mediterráneo se fue integrando en la farmacopea germánica del norte a través de los monasterios cristianos, los mismos que copiaron y preservaron el propio manuscrito del Lacnunga.
Odín, la serpiente y la novena planta perdida
El hechizo contiene una de las referencias paganas más explícitas que sobrevivieron la cristianización de Inglaterra: la mención directa a Woden — el nombre anglosajón de Odín — golpeando a una serpiente con nueve ramas de madera sagrada. De ese golpe mítico surgieron los nueve venenos que las nueve plantas del hechizo están destinadas a combatir.
Es un fragmento de mitología germánica pagana conservado intacto dentro de un texto que, en su forma final, fue copiado por monjes cristianos e incluye invocaciones a Cristo y a los evangelistas en otras partes del mismo manuscrito. El Lacnunga en su conjunto es ese tipo de documento — un palimpsesto cultural donde el paganismo germánico y el cristianismo monástico convivían sin que nadie sintiera la necesidad de elegir entre ambos.
Una tradición distinta, una misma convicción
El Nine Herbs Charm representa una rama de la magia herbal europea completamente independiente de la tradición mediterránea que hemos seguido hasta ahora en este blog — desde los grimorios medievales hasta los Papiros Mágicos Griegos y el mito de Isis y Osiris. Aquí no hay Hécate ni Apolo: hay Woden, hay serpientes nórdicas y hay una cosmovisión germánica que entiende la enfermedad como un veneno mítico que solo otra fuerza mítica puede contrarrestar.
Y sin embargo la convicción de fondo es idéntica a la que ya vimos en los papiros egipcios o en los rituales druídicos: las plantas no son sustancia inerte, son portadoras de un poder antiguo que el ser humano puede invocar si conoce las palabras correctas. Cambia la mitología, cambia el idioma, cambia el dios al que se invoca — la lógica mágica profunda permanece notablemente constante de un extremo a otro de Europa.
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